Muchas veces vemos rivalidad, donde en verdad no la hay
En la actualidad es común que nos veamos envueltos en situaciones competitivas: conseguir una beca, una residencia, una vacante, un ascenso, un premio, un papel en un casting… Estas son circunstancias en las que, de una multitud de aspirantes, una población muy pequeña consigue lo que buscaba.
Las prácticas de selección y descarte de candidatos funcionan por doquier en múltiples áreas de la vida. Por esta razón consideré interesante preguntarme:
“¿Qué lugar ocupa el resto de los aspirantes? ¿El de compañeros... o rivales?”
Para algunos, compartir con otros un objetivo brinda un sentimiento de pertenencia, que da lugar a la solidaridad y cooperación entre pares. En este sentido, los demás candidatos pueden ser considerados compañeros de ruta, un importante sostén y una fuente de motivación e inspiración.
Si bien estas personas tienen consciencia de que probablemente no habrá lugar para todos, suelen optar por prepararse para la instancia de evaluación en grupo. Buscan estrategias para que todos puedan llegar bien entrenados, se alientan, se ayudan. Luego, el día “decisivo” cada uno se esforzará al máximo para lograr la mejor performance y dejarán en manos de los jueces el resultado final.
Para otros, esta manera de reaccionar y desenvolverse es impensada, ya que el resto de aspirantes son considerados como contrincantes. En este sentido, ofrecerle ayuda a alguno implica actuar en desmedro de las posibilidades propias. Sostener y contribuir con otro es actuar en perjuicio de uno.
Siguiendo a Lacan podemos pensar que en cada una de las posiciones mencionadas opera una lógica diferente. En el primer caso funciona una lógica simbólica. En la misma, la subjetividad tiene un papel preponderante. Es decir, se tiene muy presente que más allá de que todos tengan un rasgo que los aúna, también cuentan con muchos otros que los hacen únicos e irrepetibles. Por ejemplo, a pesar de ciertas similitudes, cada persona cuenta con un estilo y un sello propios.
En el segundo caso, la lógica que rige es la especular. Desde esta mirada se anulan las diferencias subjetivas, por ende todos somos iguales. El sujeto y el otro resultan intercambiables. En este sentido, el resto es mi rival. Algunos pensamientos solidarios con esta postura son:
“Es él o yo”: se juega una perpetua lucha de exclusión e inclusión con el otro.
“Más postulantes hay, menos chances tengo”: Aquí, en pos de la probabilidad, perdemos de vista lo esencial: nuestra subjetividad.
Duplicando el material genético la ciencia no podrá más que conseguir dos organismos idénticos. La subjetividad que los habite se encargará de hacer de cada uno una pieza única e irrepetible.
Dejemos de ver rivalidad donde en verdad no la hay.



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