Lo que (nos dicen que) somos
Llegamos al mundo sin saber quiénes somos y sin poder descifrar el misterio por nosotros mismos. Por esta razón, implícitamente deslizamos esa pregunta a los Otros: nuestros padres, o quienes cumplan dicha función.
La manera en la que ellos respondan jugará un papel harto importante en nuestro desarrollo subjetivo ya que “de niños somos lo que nuestros progenitores nos dicen que somos”. Ellos son quienes nos nominan, es decir, quienes nos proponen una “etiqueta”. Luego nos brindan un lugar dentro de la familia… Consecuente con ella.
Ante la falta de un significante, un término, que responda por nuestro ser, nos identificamos con esa clasificación. Siguiendo esta lógica hay quienes son considerados y a su vez se sienten: “la oveja negra”, “la inteligente”, “la simpática” o “el emprendedor” de la familia.
Una vez que nos ubicamos en aquel casillero que nos fue provisto, nos comportamos, de manera más o menos inconsciente, en función del mismo. Así “la inteligente” se esforzará por destacarse primero en la escuela y luego en la universidad, “la oveja negra” se mandará de las suyas, “la simpática” intentará conquistar a todos con su buen carácter y “el emprendedor” siempre tendrá en mente algún proyecto.
Si bien a simple vista algunos carteles parecieran más fáciles de llevar que otros, en todos los casos, si se cristalizan: mortifican.
¿Qué significa esto?
Si nos quedamos adheridos a la etiqueta, comenzamos a padecerla… El lugar que nos fue designado aparece como única alternativa y por lo tanto contamos con muy pocas posibilidades de acción. Nos sentirnos llamados a responder a ese lugar y a ningún otro…
Esto me recuerda a las palabras que San Martín dijo a su hija Merceditas: “Serás lo que debas ser o si no, no serás nada”. En este sentido, no cumplir con las exigencias del significante con el cual fuimos nominados sería equivalente a: perder el ser. Por esta razón, cuando esto ocurre: nos angustiamos.
Atrapados en esta lógica muchas veces preferimos optar por un lugar asfixiante… Antes que no contar con lugar alguno.
¿Qué papel jugamos los analistas en este asunto? Buscamos quitarle aquel significante que ahoga al paciente, su peso mortífero.
Se lo toma como una característica más y se comienza a desplegar, a partir de ese primer eslabón, una cadena de significantes interminable… Que ofrece una cantidad de oportunidades de iguales características.
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Es esencial que en un primer momento haya un Otro que nos nomine y nos diga quien somos… Pero, es igualmente importante que luego relativicemos aquel significante y no caigamos en la falsa creencia de que nuestro ser se agota en él. 

me encanta... muy cierto
ResponderEliminarMuy buen análisis! Me encantó!
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